sábado, 27 de noviembre de 2010

Energizer night race 8k

Desde hace un mes a esta parte decidí tomarme un poco más en serio esto de salir a correr. El primer factor que influyó en esta decisión fue la llegada de temperaturas más templadas y el hecho que amaneciera más temprano. Correr con un poco de luz natural es definitivamente mucho más estimulante que hacerlo durante la noche cerrada. Ni hablar si además tengo que usar dos mudas de ropa para combatir el frío.
El segundo factor en cuestión fue la lectura del libro De que hablo cuando hablo de correr del japonés Haruki Murakami (cuando la chica de la librería me repreguntó el nombre le entendí El Huracán, de ahí que recuerdo como se llama). En el libro se narran las distintas vivencias que atraviesa el escritor durante su actividad como corredor. Desde un principio lo que me cautivo del libro es que parece que lo hubiese escrito yo. Para que se entienda, lo que quiero decir es que las sensaciones que lo atraviesan durante la carrera o durante el entrenamiento son las mismas que tengo yo cuando corro. Su justificación de porque no a los deportes colectivos no hace más que poner en palabras todo aquello que pienso.
Esta demasiado extensa introducción viene a lugar para contar que recién vengo de correr una carrera de 8km organizada por Energizer. A diferencia de las pocas otras que he corrido, esta fue de noche, comenzó a las 21, y el trayecto no fue sobre asfalto sino que bajo la modalidad cross country corrimos sobre pasto, tierra, arena y un breve tramo de asfalto. Todo esto dentro de la Villa Hípica del Hipódromo de San Isidro, es decir jugaba de local. Al ser nocturna me permitió administrar mejor los descansos y la alimentación. Estuve dos días sin comer dulces, al mediodía comí pastas sin salsa y además pude dormir una muy buena siesta. No extensa pero si profunda. Puedo afirmar que es la primer carrera en la cual la preparación fue realmente a conciencia.
Tratándose de 8 kilometros mi objetivo era demorar en 43 y 45 minutos, por debajo de los 6 minutos para el kilómetro. Un ritmo tranquilo y que me permitiese llegar bien. Este objetivo tuvo su primer obstáculo ni bien llegué al lugar de la carrera. El pasto sobre el cual íbamos a correr no era precisamente el fairway de un campo de golf, me animo a decir que ni siquiera un rough. De hecho las matas eran más altas que mis tobillos. El otro obstáculo, y quizás el principal, fue el diagrama del recorrido. Según Germán Paolovsky, que animaba, eramos 5000 personas y el recorrido tenía curvas en U y sectores donde no entrabamos más de 5 personas a lo ancho. Esto hizo que los primeros 3 o 4 kilómetros fueran trabadísimos. De hecho mi primer kilómetro lo hice en 6:48, muy por encima de mis expectativas. De ahí en más fui mejorando hasta lograr un digno 47:38 final, superior al objetivo fijado pero que me dejó satisfecho dadas las circunstancias.
¿Qué me deja esta carrera? Me deja la alegría de saber que estoy en el buen camino. Digo esto porque a diferencia de las anteriores no la sufrí. Disfruté mucho el correr, hasta me dí el lujo de correr una carrera particular con un disfrazado de irlandés que andaba por ahí y ganarle. Pude hacer un sprint final que me hizo acordar a aquellas épocas en las que tenía un peso notablemente inferior al actual y las piernas me flotaban en el aire. En ningún momento me sentí ahogado, mi respiración practicamente no se escuchaba. Estoy escribiendo esto a tres horas de haber terminado y no tengo molestias en las piernas.
Quien lo sabe, quizás este sea el espaldarazo necesario para seguir con el entrenamiento y bajar estos 7 kilos que me andan sobrando. Aunque el cuarto kilo de helado que acabo de comer mientras escribo no sea un paso en la dirección correcta. No lo se pero espero no quedarme a mitad de camino.

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